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jueves, 28 de septiembre de 2023

Escenas míticas del cine (CCCVIII)

Como decía ayer, en 1961 Stanley Kramer dirigió ¿Vencedores o Vencidos? Los juicios de Nuremberg (Judgment at Nuremberg) y que se centraba en los juicios celebrados en la ciudad alemana en 1948, tres años después de el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde fueron juzgados cuatro jueces, cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica. Un juez norteamericano retirado, Dan Haywood, tuvo la responsabilidad de presidir dicho juicio. Se trata de una lección tan actual y necesaria hoy como en la época en la que aconteció, esta obra maestra que es imperecedera, ya que describe con precisión y perspectiva, con detalle y objetividad el proceso llevado a cabo contra esos dirigentes nazis que estaban acusados de apoyar, amparar y servir al Tercer Reich y sus políticas.
El reparto, por si fuera poco, es excepcional, al citado Spencer Tracy que da vida al juez que presidía el juicio, se unen el abogado de la defensa Hans Rolfe, al que da vida un magnífico Maximilian Schell, Ernst Janning era un ex-ministro de Justicia y una eminencia jurídica desde los tiempos de Weymar, al que da vida un maravilloso Burt Lancaster o el Coronel de la acusación Tad Lawson al que interpreta Richard Widmark.
En una escena mítica Haywood dicta sentencia sin tener en cuenta paradójicamente, como sí lo hicieron los acusados, las presiones ejercidas por el gobierno americano para que las penas no fueran severas (los cuatro son declarados culpables y condenados a reclusión perpétua). Los rusos habían bloqueado Berlín y era necesario contar con el apoyo del pueblo alemán, lo cual podría complicarse si se encarcelaba a todos sus dirigentes y líderes vivos.


Os dejo con la mítica escena.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Escenas míticas del cine (CCCVII)

En 1961 Stanley Kramer dirigió ¿Vencedores o Vencidos? Los juicios de Nuremberg (Judgment at Nuremberg) y que se centraba en los juicios celebrados en la ciudad alemana en 1948, tres años después de el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde fueron juzgados cuatro jueces, cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica. Un juez norteamericano retirado, Dan Haywood, tuvo la responsabilidad de presidir dicho juicio. Se trata de una lección tan actual y necesaria hoy como en la época en la que aconteció, esta obra maestra que es imperecedera, ya que describe con precisión y perspectiva, con detalle y objetividad el proceso llevado a cabo contra esos dirigentes nazis que estaban acusados de apoyar, amparar y servir al Tercer Reich y sus políticas.
El reparto, por si fuera poco, es excepcional, al citado Spencer Tracy que da vida al juez que presidía el juicio, se unen el abogado de la defensa Hans Rolfe, al que da vida un magnífico Maximilian Schell, Ernst Janning era un ex-ministro de Justicia y una eminencia jurídica desde los tiempos de Weymar, al que da vida un maravilloso Burt Lancaster o el Coronel de la acusación Tad Lawson al que interpreta Richard Widmark.
En una escena mítica Hans Rolfe argumenta su defensa en primera instancia, haciendo ver que los acusados cumplían la ley, mala o buena, pero la ley. Luego intenta darle la vuelta a la causa colocando a los verdugos como víctimas de ese régimen que ellos no eligieron pero se vieron forzados a obedecer, y finalmente trata de compartir su culpa con todo el pueblo alemán, corresponsable del omnímodo poder de Hitler por acción, omisión o silencio.


Os dejo con la mítica escena.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Escenas míticas del cine (CLXIII)

Stanley Kramer dirige Adivina quien viene a cenar esta noche en 1967. La película está basada en los prejuicios que tiene o tenía el ser humano en esa época (sobre todo en EEUU) hacia la gente de color y a la inversa. Una joven de familia acomodada Joey Drayton (Katharine Houghton) lleva a casa después de una estancia en Hawaii, para presentárselo a sus padres a su novio John Prentice (Sidney Poitier), un médico negro al que conoció allí y con el que tiene intención de casarse. Los padres de ella, Matt y Christina interpretados por unos veteranos y maravillosos Spencer Tracy y Katharine Hepburn (que recibió el Oscar) que son de ideas liberales, se sienten confundidos ante la situación, sobre todo ante la premura de los hechos y de las decisiones a las que deben de dar consentimiento. Es especialmente el padre de ella, Matt, quien no lo ve claro, y teme que un matrimonio interracial traiga más problemas a su hija, a la que adora. En una escena impagable, Matt suelta un discurso tremendo en medio de su papel de padre cascarrabias y desconcertado.


Os dejo con la mítica escena.

lunes, 30 de marzo de 2015

It's a Mad, Mad, Mad, Mad World (1963)

Cartel del film

 
El mundo está loco, loco, loco es una alocada comedia, cuyo inmenso reparto supo sacarle el jugo a una historia repleta de momentos memorables, de situaciones divertidas y de un ritmo trepidante que la convierten en una de los mejores y más entretenidos films de su realizador Stanley Kramer, que fue capaz de realizar los dramas más sólidos (“Fugitivos - The defiant ones, 1958”, “Vencedores o vencidos (El juicio de Nuremberg) - Judgement at Nuremberg, 1961”), comedias más desternillantes o, incluso, una curiosa y acertada combinación de ambas (“Adivina quién viene esta noche - Guess who’s comming to dinner, 1967”). Y, por descontado, todos con excelentes resultados tanto críticos como comerciales.




Varios automovilistas conducen por una carretera del sur de California, con un agreste paisaje, de pronto, un coche les adelanta a gran velocidad y, al tomar una curva, se precipita por un barranco. El hombre accidentado, asistido por una multitud de otros conductores, antes de morir les confiesa la existencia de un maletín repleto de dinero que está escondido, revelándoles una serie de pistas acerca de su ubicación. A partir de este momento, estos conductores emprenderán una desesperada carrera con el fin de ser los primeros en llegar al lugar en el que se encuentra el botín, y hacerse con él. Para ello, cada uno deberá hacer frente a una serie de imprevistos que les complicará la llegada al lugar donde está el dinero.



“El mundo está loco, loco, loco” es una película divertida de principio a fin. Partiendo de una trama de lo más simple (a pesar de su extenso reparto, la línea argumental no puede ser más sencilla), el largometraje se las compone para lograr una armonía absoluta a la hora de narrar las peripecias particulares (al inicio y conjuntas) en el tercio final del grupo de desconocidos que emprenden una carrera contrarreloj con el fin de hacerse con el famoso maletín. Por fortuna, Kramer mantiene constante el carácter amable del film durante todo su metraje, de forma que el espectador, más que a una clara alegoría de la avaricia, asiste a una entretenidísima competición entre patosos y tramposos que están dispuestos a protagonizar los momentos más descacharrantes con tal de ser los primeros.
 
Os dejo con la divertida película.

 

miércoles, 16 de enero de 2013

Escenas míticas del cine (II)


  
Ayer en la 1, echaron una película que para mi es excelente, no sólo por el tema que trata, los famosos juicios de Nuremberg de los crímenes de los nazis de esterilización y limpieza étnica en la Segunda Guerra Mundial, sino por las magníficas interpretaciones de muchos de los actores participantes. Este film titulado ¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg) fue dirigida por Stanley Kramer en 1961.
En 1948, se celebraron estos juicios,  y sobre Dan Haywood (Spencer Tracy), un juez norteamericano retirado, recayó la importante responsabilidad de presidir este juicio contra los crímenes de guerra nazis.
Me quedo con la escena en la que el Dr. Ernst Janning (Burt Lancaster), con una sobriedad excelente, desenmascara a todos sus compatriotas nazis, y los describe uno por uno ante el asombro del abogado Hans Rolfe (Maximilian Schell), a pesar de que le llamen traidor explica porqué consintió el pueblo alemán, y sobre todo sus dirigentes, aquellas atrocidades, reconociendo antes todo que él era el peor de todos por estar con ellos.
 
Para mi, es uno de los momentos más fascinantes de la historia del cine.
 
Disfrutad de esta gran escena.