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sábado, 28 de junio de 2025

Bandas sonoras míticas del cine (CCI)

Como decía ayer, el pasado 2024 Edward Berger, a quién conocí por su extraordinario trabajo en Sin novedad en el frente de 2022, dirigió Cónclave donde deja atrás el sobrecogedor espectáculo militar y la desgarradora manera de contarlo de su anterior film en espacios grandes y abiertos, para cerrarse entre las cuatro paredes de la Capilla Sixtina realizando un ejercicio de suspense de altos vuelos en clave obviamente eclesiástica, que tiene una lucidez innegable, que resulta hasta cómico y divertido en algunos momentos y que contiene un discurso más agudo y afilado de lo que se podría imaginar.
Pero aquí el Vaticano busca elegir un nuevo Papa, tras la inesperada muerte del Sumo Pontífice, es entonces cuando el cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) es designado como responsable de organizar y liderar el Cónclave, uno de los rituales más secretos y antiguos del mundo para la elección de un nuevo Papa. Pero es ahí, donde el director mete una traslación de los thrillers políticos setenteros donde hay paranoias, conspiraciones y luchas intestinas.
El film tiene ritmo, varios giros imprevistos, quiebros, sorpresas y para nada se hace tedioso, ese fue mi gran aplauso, ya que en un tema como este es fácil caer en un ritmo pausado y que el film se te haga largo y pesado. A ello también contribuye una elección de actores de primer nivel con el citado Ralph Fiennes a la cabeza, Stanley Tucci, el veterano John Lithgow, Sergio Castellitto, Isabella Rosellini o Carlos Diehz, entre otros.
La unión de Berger y Volver Beltermann de nuevo para musicar el film es una maravilla, una banda sonora inquietante, que te pone en tensión y plasma a la perfección ese encierro del Cónclave y las intrigas que allí suceden, esos violines...


Os dejo con el tema Seal the room.

miércoles, 22 de febrero de 2023

Bandas sonoras míticas de películas (CXXXVI)

Como decía ayer, Edward Berger dirigió el año pasado Sin novedad en el frente, una película alemana que relata desde ese lado lo cruenta que fue la Primera Guerra Mundial, pero desde el lado perdedor, aunque en realidad, perdedores fueron todos. Un film que ha tardado muchos años en hacerse en aquel país, en concreto se hace 90 años después de que la novela de 1929 de Erich Maria Remarque, en la que se basa, impactara en una Alemania nacionalista al describir con detalle como de brutal fue el envío masivo de jóvenes para que fueran masacrados en las trincheras de una guerra que fue una absoluta carnicería y en la que murieron 17 de millones de personas, que se dice pronto, por lo que fue vetada en su día.
De hecho la primera parte del film demuestra la aparente alegría de jóvenes de 17, 18 o 19 años por ir al frente, sin saber lo que se iban a encontrar y sobre todo las calamidades de todo tipo que iban a tener que sufrir, quizás diría que es la única parte no dramática de la cinta.
Para mí fue inevitable hacer una comparativa con la maravillosa 1917 de Sam Mendes, tres años anterior y que justamente estaba enfocada a la misión de dos chavales jóvenes británicos de llevar misivas a un general para detener una ofensiva, y francamente son dos caras de la misma moneda, ya que en ambas reina la desolación, la muerte y las miserias del ser humano, algo así como el reverso sombrío.
Esta adaptación se zambulle de manera directa en los horrores de lo que fue esa guerra, a través de los ojos del protagonista Paul Bäumer al que da vida un extraordinario Felix Kammerer, y además se atreve a añadir un contexto político que hoy en día tiene un reflejo en el paisaje europeo actual, y esa forma de adentrarnos y de mirar desde el otro lado (aquí me recuerda a como Clint Eastwood en Cartas desde Iwo Jima miraba desde el lado japonés, siendo la antagonista de Banderas de nuestros padres) es novedosa con respecto a la perspectiva contraria y más habitual, que se nos muestra desde el lado ganador.
La película trata de manera desgarradora como ese grupo de jóvenes que comienzan ilusionados, van paso a paso, batalla a batalla, perdiendo la vida, sufriendo avatares terribles y situaciones realmente brutales que tienen como único objetivo sobrevivir a esa masacre que, por otro lado, consentían y alentaban desde los altos mandos (y ahí si que me recuerda a la mítica Senderos de Gloria de Stanley Kubrick). 
Por si fuera poco, desde el inicio de la película, escuchamos una banda sonora realmente notoria y apabullante, con un sonido de órgano machacón que define lo siniestro que vamos a ir viendo a lo largo de todo el metraje, una música compuesta por Volker Beltermann y que me ha resultado especialmente impactante. Hay un tema en concreto donde sale esa parte del órgano que se repite en varias partes del film, llamado Remains.


Os dejo con Remains.